Awó Ifalodun vivía en la tierra Ikaeri, amarrado por Olokun: lo que Olokun hacía no debía llegar a oídos de la gente de aquel lugar. De pequeño no le habían hecho Ifá, y Olokun se lo había llevado consigo a su propia tierra, que era Ikaeri.
Como no sabía andar con Ifá, adivinaba a cuantos llegaban valiéndose del okpele. Olokun le había cerrado ese aprendizaje a propósito, y por eso se lo sacó chiquitico de la casa de su padrino Awó Omonire, que residía en Oddun Layeo, tierra de Shangó.
Un día Awó Omonire se hizo osode y le salió Ika Rete, el signo de Awó Ifalodun, y se dijo: «Hace años que no veo a mi hijo, y dice Ika Rete que tiene dificultades con Olokun».
Tomó dos gallinas blancas y un gallo y salió rumbo a la tierra Ikaeri. A mitad de camino se topó con Shangó, que al enterarse del viaje le dijo: «Me voy contigo, porque él no vivirá en la tierra Ikaeri: él nació en la tierra que yo gobierno, que es Oddun Layeo».
Llegados a Ikaeri, lo primero que hicieron fue presentarse ante Olokun, que los recibió con desconfianza. Le preguntaron por Awó Ifalodun y respondió: «Anda por ahí, pues él no tiene casa fija y anda con su Ifá arriba».
«Vamos a buscarlo», le dijo Awó Omonire a Shangó. Salieron, y dieron con él bajo una mata de algodón, tirando okpele a un montón de gente; a su lado se amontonaban los pescados frescos, pues quienes lo consultaban eran pescadores y con pescado le pagaban.
Awó Ifalodun los reconoció apenas los vio, a pesar de que era muy chiquitico cuando salió de la tierra Oddun Layeo; se echó a llorar, se abrazaron, y les contó el trabajo que le costaba adivinar, aunque nunca dejaba de hacerlo.
Por esos días Ayé riñó con Olokun y abandonó su casa, y desde entonces Olokun fue perdiendo riqueza. Salió a buscar a Awó Omonire y a Shangó, y dio con ellos en compañía de Awó Ifalodun. Le planteó al padrino: «Necesito que consulte a Ifá, porque tengo problemas; pero con adele awerenifa».
La respuesta fue: «Yo no puedo mirarte: para eso está aquí mi hijo Awó Ifalodun, que tú me lo pediste chiquitico para que fuera el Awó de tu tierra Ikaeri».
Olokun objetó: «Pero él no sabe andar con adele awerenifa, y no va a saber resolver el problema que yo tengo». Y el padrino le contestó: «Él sí sabe: lo que tú lo tienes amarrado».
Shangó tomó el tablero (oponfa), se lo puso en las manos y le indicó: «Saca los adele tunle awerenifa que tú tienes ahí, y cuando lo hagas di: "Ifá bi bogbo adele Ifá Oddun Ifá seni"».
A Awó Ifalodun le temblaron las manos del miedo, y Shangó lo animó: «Cógelo y adífalo para que te zafes. Cógelo y pásalo por detrás de ti, de derecha a izquierda»; mientras lo hacía, iba diciendo: «Orokan oshoro inle». Luego le indicó: «Cógelo ahora de izquierda a derecha por detrás de ti», y dijo: «Orokan oshoro agba inle».
Y siguió Shangó: «Ahora ponte las manos en la cabeza y di: "Ori abile" (cabeza brillante). Ahora abrázate y di: "Ifá yowa" (Ifá me defiende y me cuida). Ahora tócate la rodilla y di: "Ese kan ikundiona mafarawo kunawa" (que estas piernas me cuiden bien). Ahora tócate el vientre, sopla para afuera y di: "Ona oshoro ona adele ofoloikoshu" (que el ofo se vaya de dentro de mí). Ahora pásate las manos por la cabeza y di: "Ifá siwere onayeni" (con las manos de Ifá me limpio mi camino). Ahora coge todos los adele tunde awerin Ifá, póntelos en la frente y di: "Ni ifaru agba untefa" (el que nació su esclavo mayor anda con usted), "ofira yeyemi" (que usted se ilumine). Ahora échalos en la jícara, haz lo mismo que yo te enseñé, y vas a contarlos para saber qué tienes».
Y así los fue contando: 5 adele en la mano derecha — «Ifá afun oashe», que son los 5 que ordenan a Ifá; 5 adele en la mano izquierda — «Ifá ewa osa», los 10 consagrados que dan vida a Ifá; 3 adele en la mano derecha — «Ifá Osa Ogunda», los 3 caminos que marcan el tiempo de Ifá; 2 adele en la mano izquierda — «Ifá Eyirete», las 2 figuras que señalan a Ifá; 1 adele en la mano derecha — «okan shonshon kinufidan kinubaye», porque uno solo reparte el poder como esclavo de la tierra. «Coge los 5 adele que te quedan en la mano izquierda y di: "Adele marun ninsheku Ifá" (5 siempre son vigilantes de ese poder)». A cada paso, Awó Omonire respondía: «Otana ikaku ota oyomu», que de un sitio al otro el adele acaba con el enemigo.
Shangó le dijo: «Límpiate como te enseñé, coge de nuevo los adele, y vamos a caminar las tierras que Ifá caminó para ser lo que es. Tócate las piernas de derecha a izquierda y di»: Awó Lode, que es la claridad del sol; Awó Loda, la creación del mundo; Awó Loma, que es la inteligencia; Awó Lokun, donde nace la vida; Awó Igba, la jícara, lo primero que tuvo Orunmila; Awó Oko, el campo del que Orunmila sacaba su comida; Awó Ibayu, el paraíso, árbol bajo el que reposó Orunmila; Awó Akukó, el gallo, que fue su primer acompañante; Awó Okuni, el hombre, que fue el primer heredero de Orunmila; Awó Anfin, el hombre de cabello rubio; Awó Amanfin, los albinos; Awó Oyigbo, el hombre de piel blanca; Awó Kukundunkun, el mestizo; Awó Filani, el hombre chino; Awó Ashe, el poder que Orunmila entrega a los hombres.
«Ahora cógelos y cuéntalos todos como te enseñé, y los 5 que te quedan en la mano restriégalos por la tierra con la mano derecha y di: "Awara wara okuni orisha, awara wara oba Ifá weo" (despacio, los santos machos limpian al rey). Coge los adele con la mano izquierda y di: "Awara wara obini orisha, awara wara oba Ifá weo" (despacio, los santos mujeres limpian al rey). Coge los 5 adele, mételos debajo de la estera y di: "Adele arun tetenibo aye" (testigos del cielo cuidan la tierra)».
Entonces Awó Omonire le dijo a su hijo Ifalodun: «Espera, que esta tierra lleva un secreto que le falta, y se llama Ifaye Owodele». Tomó 16 caracoles, los ensartó en cuero de chivo de Elegba, amarró la pieza, la puso frente a la estera y le pidió: «Pon uno de esos adele ahí». Y rezó Awó Omonire: «Adele otun kale ashe were Ifá osin Ifá awore Ika Rete layeni Ifá», y cantó: «Olorin Ifá adele agba deyogba».
Después Awó Omonire le dijo a su hijo: «Moyugba y atefa». A Olokun le salió Ika Rete, y ahí Awó Omonire sentenció: «Tu gran problema es que esta tierra necesita que la gente tenga sus cosas de Ifá para que haya más suerte, y no solo adorar las piedras que tú tienes». Recogió adele de los que el mar arrojaba, y arena, y se los entregó a Awó Ifalodun: «Coge esto, échale arena, jutía y pescado, y ponlo dentro del ebbó que le vas a hacer a Olokun, y dale esta gallina».
Al comenzar el ebbó, Awó Omonire, Shangó e Ifalodun se pusieron encima pescados frescos chicos de los que tenía en la jícara; terminado el trabajo, lo depositaron dentro de ella y encargaron a Olokun que lo llevara a la orilla del mar (onika).
De vuelta en su casa, Olokun se encontró con que Ayé ya había regresado, y con todas las riquezas; desde entonces mandaba a sus hijos, a todos, a casa de Awó Ifalodun, para que este les entregara lo que hiciera falta: Awofakan, Ikofá, Untefá ni Orunmila.
Y Awó Omonire le dejó dicho a su hijo Awó Ifalodun: «Siempre ten tus ikines con arena para las gentes». Desde entonces volvió la gente de aquella tierra, y Awó Ifalodun, omo Ika Rete, contó con el respaldo de Olokun, de Shangó y de su padrino de Ifá, Awó Omonire.