En la tierra Ikaeri vivía Awó Ifalodun, amarrado por Olokun, que se lo había llevado chiquito de casa de su padrino Awó Omonire — de la tierra de Shangó, Oddun Layeo — y no quería que aprendiera a andar con Ifá: solo adivinaba con el okpele, y los pescadores le pagaban con pescado fresco. Awó Omonire se vio Ika Rete, el signo de su ahijado, y salió a buscarlo con Shangó. Olokun, desconfiado, les dijo que andaba por ahí; lo encontraron tirando okpele bajo una mata de algodón y se abrazaron llorando. Cuando Ayé riñó con Olokun y este empezó a perder riqueza, pidió consulta con adele awerenifa: «él no sabe» — «él sí sabe: lo que tú lo tienes amarrado». Entonces Shangó le dio el tablero y le enseñó la ceremonia completa: sacar los adele diciendo «Ifá bi bogbo adele Ifá Oddun Ifá seni», pasarlos por detrás de derecha a izquierda y de izquierda a derecha, tocarse la cabeza («ori abile»), abrazarse («Ifá yowa»), las rodillas, el vientre soplando el ofo hacia afuera, la frente con todos los adele, contarlos — 5, 5, 3, 2, 1 y los 5 vigilantes — y recorrer las 16 tierras que Ifá caminó: la luz del sol, la creación del mundo, la inteligencia, el nacimiento de la vida, la jícara, el campo, el paraíso, el gallo, el hombre y todos los linajes, hasta el poder que Orunmila da a los hombres. Awó Omonire añadió el secreto Ifaye Owodele — 16 caracoles ensartados en cuero de chivo de Elegba — y mandó a atefar: a Olokun le salió Ika Rete. «Tu problema es que esta tierra necesita que la gente tenga sus cosas de Ifá, y no solo adorar tus piedras». Hicieron el ebbó con los adele que el mar arrojaba y la arena, y cuando Olokun regresó, Ayé había vuelto con todas las riquezas — y mandó a todos sus hijos a recibir Awofakan, Ikofá y Untefá.
En la tierra Ikaeri vivía Awó Ifalodun, el que estaba amarrado por Olokun, que no quería que les dijera a las personas de aquella tierra las cosas que Olokun hacía; pues a él no le habían hecho Ifá de pequeño, y Olokun se lo había llevado para su tierra, que era Ikaeri.
Awó Ifalodun siempre le adivinaba a todo el mundo por medio del okpele, ya que él no sabía andar con Ifá, porque Olokun no quería que él aprendiera, y por eso se lo había llevado chiquitico de casa de su padrino Awó Omonire, que vivía en la tierra Oddun Layeo, que era tierra de Shangó.
Un día Awó Omonire se hizo osode y se vio Ika Rete, que era el signo de Awó Ifalodun, y se dijo: «Hace años que no veo a mi hijo, y dice Ika Rete que tiene dificultades con Olokun».
Cogió dos gallinas blancas y un gallo y se puso en camino para la tierra Ikaeri. A la mitad del camino se encontró con Shangó y le contó adónde iba, y Shangó le dijo: «Me voy contigo, porque él no vivirá en la tierra Ikaeri: él nació en la tierra que yo gobierno, que es Oddun Layeo».
Cuando ellos llegaron a la tierra Ikaeri fueron directo a ver a Olokun, y este los recibió desconfiado; y cuando ellos le preguntaron por Awó Ifalodun, Olokun les dijo: «Anda por ahí, pues él no tiene casa fija y anda con su Ifá arriba».
Awó Omonire le dijo a Shangó: «Vamos a buscarlo». Salieron y lo encontraron tirando okpele a muchas gentes debajo de una mata de algodón, y tenía muchos pescados frescos a su lado, porque aquellas gentes eran pescadores y le pagaban con pescado.
Cuando Awó Ifalodun vio a Awó Omonire y a Shangó — aunque había salido muy chiquitico de la tierra Oddun Layeo —, los reconoció y se echó a llorar, y se abrazaron, y les contó el trabajo que pasaba para adivinar, pero que siempre lo hacía.
En eso, Ayé y Olokun tuvieron una riña, y Ayé se fue de casa de Olokun, y este empezó a perder riqueza. Olokun salió a buscar a Awó Omonire y a Shangó, y los encontró junto a Awó Ifalodun. Olokun le dijo a Awó Omonire: «Necesito que consulte a Ifá, porque tengo problemas; pero con adele awerenifa».
Entonces Awó Omonire le dijo: «Yo no puedo mirarte: para eso está aquí mi hijo Awó Ifalodun, que tú me lo pediste chiquitico para que fuera el Awó de tu tierra Ikaeri».
Olokun dijo: «Pero él no sabe andar con adele awerenifa, y no va a saber resolver el problema que yo tengo». Awó Omonire dijo: «Él sí sabe: lo que tú lo tienes amarrado».
Entonces Shangó cogió y le dio el tablero (oponfa) y le dijo: «Saca los adele tunle awerenifa que tú tienes ahí, y cuando lo hagas di: “Ifá bi bogbo adele Ifá Oddun Ifá seni”».
A Awó Ifalodun le temblaron las manos, pues tenía miedo, y Shangó le dijo: «Cógelo y adífalo para que te zafes. Cógelo y pásalo por detrás de ti, de derecha a izquierda», y Shangó decía cuando lo hacía: «Orokan oshoro inle». Entonces le dijo: «Cógelo ahora de izquierda a derecha por detrás de ti», y dijo: «Orokan oshoro agba inle».
Entonces Shangó le dijo: «Ahora ponte las manos en la cabeza y di: “Ori abile” (cabeza brillante). Ahora abrázate y di: “Ifá yowa” (Ifá me defiende y me cuida). Ahora tócate la rodilla y di: “Ese kan ikundiona mafarawo kunawa” (que estas piernas me cuiden bien). Ahora tócate el vientre, sopla para afuera y di: “Ona oshoro ona adele ofoloikoshu” (que el ofo se vaya de dentro de mí). Ahora pásate las manos por la cabeza y di: “Ifá siwere onayeni” (con las manos de Ifá me limpio mi camino). Ahora coge todos los adele tunde awerin Ifá, póntelos en la frente y di: “Ni ifaru agba untefa” (el que nació su esclavo mayor anda con usted), “ofira yeyemi” (que usted se ilumine). Ahora échalos en la jícara, haz lo mismo que yo te enseñé, y vas a contarlos para saber qué tienes».
Y contó: 5 adele en la mano derecha — «Ifá afun oashe» (5 ordenan a Ifá); 5 adele en la mano izquierda — «Ifá ewa osa» (10 consagrados dan la vida a Ifá); 3 adele en la mano derecha — «Ifá Osa Ogunda» (3 caminos marcan el tiempo de Ifá); 2 adele en la mano izquierda — «Ifá Eyirete» (2 figuras señalan a Ifá); 1 adele en la mano derecha — «okan shonshon kinufidan kinubaye» (uno solo es el que reparte el poder como esclavo de la tierra). «Coge los 5 adele que te quedan en la mano izquierda y di: “Adele marun ninsheku Ifá” (5 siempre son vigilantes de ese poder)». En cada momento, Awó Omonire respondía: «Otana ikaku ota oyomu» (de un lugar a otro, adele destruye al enemigo).
Shangó le dijo: «Límpiate como te enseñé, coge de nuevo los adele, y vamos a caminar las tierras que Ifá caminó para ser lo que es. Tócate las piernas de derecha a izquierda y di»: Awó Lode — la luz del sol; Awó Loda — la creación del mundo; Awó Loma — la inteligencia; Awó Lokun — el nacimiento de la vida; Awó Igba — la jícara, primera cosa que tuvo Orunmila; Awó Oko — el campo donde Orunmila obtenía su comida; Awó Ibayu — el paraíso, árbol donde reposó Orunmila; Awó Akukó — el gallo, primer acompañante de Orunmila; Awó Okuni — el hombre, primer heredero de Orunmila; Awó Anfin — el hombre rubio; Awó Amanfin — los albinos; Awó Oyigbo — el hombre blanco; Awó Kukundunkun — el hombre mestizo; Awó Filani — el hombre chino; Awó Ashe — el poder que da Orunmila a los hombres.
«Ahora cógelos y cuéntalos todos como te enseñé, y los 5 que te quedan en la mano restriégalos por la tierra con la mano derecha y di: “Awara wara okuni orisha, awara wara oba Ifá weo” (despacio, los santos machos limpian al rey). Coge los adele con la mano izquierda y di: “Awara wara obini orisha, awara wara oba Ifá weo” (despacio, los santos mujeres limpian al rey). Coge los 5 adele, mételos debajo de la estera y di: “Adele arun tetenibo aye” (testigos del cielo cuidan la tierra)».
Entonces Awó Omonire le dijo a su hijo Ifalodun: «Espera, que esta tierra lleva un secreto que le falta, y se llama Ifaye Owodele». Cogió 16 caracoles, los ensartó en cuero de chivo de Elegba, lo amarró, lo puso delante de la estera y le dijo: «Pon uno de esos adele ahí». Entonces Awó Omonire rezó: «Adele otun kale ashe were Ifá osin Ifá awore Ika Rete layeni Ifá», y cantó: «Olorin Ifá adele agba deyogba».
Entonces Awó Omonire le dijo a su hijo: «Moyugba y atefa». Y a Olokun le salió Ika Rete, donde Awó Omonire le dijo: «Tu gran problema es que esta tierra necesita que la gente tenga sus cosas de Ifá para que haya más suerte, y no solo adorar las piedras que tú tienes». Y cogió adele que el mar arrojaba, y la arena, y le dijo a Awó Ifalodun: «Coge esto, échale arena, jutía y pescado, y ponlo dentro del ebbó que le vas a hacer a Olokun, y dale esta gallina».
Cuando empezaron a hacer el ebbó, Awó Omonire, Shangó e Ifalodun se pusieron pescados frescos chicos de los que tenía en la jícara; y cuando terminaron el ebbó, lo echaron dentro de esta, y le dijeron a Olokun que lo llevara a la orilla del mar (onika).
Cuando Olokun regresó a su casa, ya Ayé había regresado con todas las riquezas; y Olokun mandaba a todos sus hijos a casa de Awó Ifalodun para que este les diera lo que necesitaban: Awofakan, Ikofá, Untefá ni Orunmila.
Donde Awó Omonire le dijo a su hijo Awó Ifalodun: «Siempre ten tus ikines con arena para las gentes». Y de ahí, la gente de aquella tierra regresó, y Awó Ifalodun, omo Ika Rete, tuvo el apoyo de Olokun, de Shangó y de su padrino de Ifá, Awó Omonire.