Awó Ifalodun vivía en Ikaeri bajo el dominio de Olokun, que lo tenía atado para que la gente de ese lugar no se enterara de las cosas que Olokun hacía. Siendo niño no le habían hecho Ifá. Olokun lo sacó del hogar de Awó Omonire, su padrino, que habitaba Oddun Layeo, la tierra de Shangó, y lo llevó a Ikaeri, que era su propia tierra. Ifalodun no conocía el manejo de Ifá, así que consultaba a todo el que llegaba solo con el okpele. Olokun había impedido adrede que lo aprendiera.
Un día Awó Omonire consultó con osode y le apareció Ika Rete, signo de su hijo. Pensó que llevaba años sin ver al muchacho y que Ika Rete anunciaba dificultades con Olokun. Reunió un gallo y dos gallinas blancas, y emprendió el viaje a Ikaeri. En medio del viaje encontró a Shangó, que al oír el destino decidió acompañarlo, pues el joven no debía quedarse en Ikaeri: había nacido en Oddun Layeo, tierra gobernada por Shangó.
En Ikaeri se presentaron primero ante Olokun, que los acogió con recelo. Al preguntar por Awó Ifalodun, Olokun contestó que andaba de aquí para allá, sin casa fija, cargando su Ifá consigo. Awó Omonire invitó a Shangó a buscarlo, y lo hallaron sentado bajo un algodonero, consultando con el okpele a una multitud. Junto a él se apilaba pescado fresco, pues sus consultantes eran pescadores y lo pagaban con pescado.
Aunque salió siendo muy niño de Oddun Layeo, Awó Ifalodun los reconoció de inmediato. Lloró, los abrazó y les habló de lo duro que era para él adivinar, aunque jamás lo dejaba.
En esos días Ayé y Olokun se pelearon y Ayé abandonó la casa; con eso la riqueza de Olokun empezó a menguar. Olokun salió en busca de Awó Omonire y de Shangó, y los encontró junto a Ifalodun. Pidió al padrino que consultara a Ifá su problema, pero usando los adele. Awó Omonire se negó a mirarlo él mismo, ya que allí estaba su hijo Awó Ifalodun, a quien Olokun había pedido siendo niño, para tener un awó en Ikaeri. Olokun objetó que el joven no sabía trabajar con los adele y no sabría resolver su asunto. El padrino replicó que sí sabía, pero que Olokun lo mantenía atado.
Shangó entonces tomó el tablero, lo puso en manos de Ifalodun y le pidió que sacara los adele que guardaba. Ifalodun, con las manos temblorosas de miedo, recibió ánimo de Shangó, quien lo condujo paso por paso por la ceremonia con que se suelta y se limpia su Ifá y se cuentan los adele, con una frase para cada paso; así se soltaba, expulsaba el ofo y despejaba su camino. Cada vez, Awó Omonire contestaba con una frase según la cual el adele va de un sitio a otro y deshace al enemigo.
Después Shangó le pidió que volviera a limpiarse y recorriera con los adele las tierras que Ifá transitó para llegar a ser lo que es. Ifalodun pronunció los nombres de Awó, cada uno con su significado, y cerró la ceremonia con palabras de limpieza, como testigos del cielo que cuidan la tierra.
Awó Omonire le pidió entonces a su hijo que esperara, pues esa tierra necesitaba un secreto que todavía no tenía, llamado Ifaye Owodele. Lo armó, lo colocó delante de la estera y pidió a Ifalodun poner allí uno de los adele; después rezó y cantó. Luego pidió a su hijo que hiciera moyugba y atefa.
Al consultar a Olokun apareció Ika Rete, y Awó Omonire sentenció que su gran dificultad era que aquella tierra requería que la gente tuviera lo suyo de Ifá para prosperar, y no solamente adorara las piedras que Olokun guardaba. Reunió adele de entre los que el mar dejaba en la orilla, con arena, y los puso en manos de Awó Ifalodun con la instrucción de agregar arena, jutía y pescado, ponerlo todo dentro del ebbó para Olokun y darle además una gallina.
Para empezar el ebbó, los tres, Awó Omonire, Shangó e Ifalodun, pusieron encima pescados frescos pequeños tomados de la jícara; al terminar, lo depositaron en ella y dejaron en manos de Olokun el llevarlo hasta la costa.
Cuando Olokun volvió a su casa, ya estaba de regreso Ayé con toda la riqueza. A partir de entonces envió a todos sus hijos con Awó Ifalodun para que les diera lo que necesitaran: Awofakan, Ikofá y Untefá de Orunmila.
Awó Omonire dejó un encargo a su hijo: tener siempre los ikines con arena para la gente. La gente de aquel lugar regresó, y Awó Ifalodun, hijo de Ika Rete, tuvo de su lado a Olokun, a Shangó y a Awó Omonire, su padrino en Ifá.
Quien mantiene atado a otro por miedo a perder lo suyo acaba perdiéndolo todo. Una tierra necesita gente con su propio Ifá y no solo piedras que adorar, y quien creció lejos de su fundamento puede recuperarlo con la guía de su padrino.
Gallo, dos gallinas, dieciséis adele, jícara, agua, miel, aguardiente, jutía, pescado, algodón, awado, todos los ashe, vela, pescado fresco pequeño y mucho dinero.
Adele recogidos entre los que arroja el mar, con arena, jutía y pescado, dentro del ebbó de Olokun, y una gallina. Encima van pescados frescos pequeños sacados de la jícara. Al terminar, el ebbó se mete en la jícara y Olokun lo lleva hasta la costa.
Este camino tiene una ceremonia para desatar y limpiar el Ifá atado de un awó, con gestos y palabras que pasan de awó a awó, y un secreto llamado Ifaye Owodele; su carga y sus pasos están en el tratado completo.
Tener siempre los ikines con arena para la gente.
Ika Rete Ika Eri Awo Avile Almova Ori Shango, Ifa Owo Matumbao Mafarawo Kumaosa Moni Ifa Losheeri Ofina Yeye Awo Omo Niro Ifa Oddun Layeo Awori Ofoyu Awo Ifa Lodun Bifarun Untefa Awo Odara Adele Otun Ni Adele Osin Awo Osin Ashe Wele Shiwele Ifa Lodun Komo Laye Oro Kansuoko Agba Inle Ifa Oma Yeni Awo Ifa Lodun Era Untefa Lodafun Shango Kaferefun Orunmila, Olokun Ofo Toshu Adele Olaye.
Adele Otun Kale Ashe Were Ifa Osin Ifa Awore Iká Rete Layeni Ifa
Olorin Ifa Adele Agba Deyogba