Shangó disfrutaba de una buena vida en su pueblo, que se había ganado tras superar duros trabajos. Aun así quería más poder, y con ese afán visitó a Orunmila. Este consultó el osode y le salió este Ifá, con un mensaje: Shangó iba a ser rey en otro país. Para lograrlo debía ofrecer un ebbó con una sillita, una flecha, una trampa, una cadena y dos gallos, y así escaparía de una trampa que le tenderían. Si le ofrecían un asiento, tenía que sacudirlo cuando el fondo fuera de madera, y rechazarlo del todo cuando estuviera forrado, para no caer en manos de sus enemigos. Además, para no perder la fortuna anunciada, debía hacer rogación de tiempo en tiempo y evitar rodearse de muchas mujeres.
Shangó realizó el ebbó y salió en busca de esa fortuna.
Lejos de allí, un rey enfermó de gravedad. Notó que todos sus ministros codiciaban el trono, y para evitar que se enfrentaran entre sí y que el pueblo pagara las consecuencias, los llamó y les dijo que su heredero vendría de otro país y llevaría una capa roja. Mandó además redactar un edicto con esa última voluntad para que todos la conocieran.
El rey murió a los pocos días. Los ministros acordaron matar a cualquier extranjero que se presentara a reclamar la corona. Abrieron la cubierta del asiento real, fijaron dentro una delgada punta de flecha envenenada, con la punta hacia arriba, y volvieron a taparla: el que se sentara se hería y moría.
Shangó llegó a ese país. El pueblo reconoció en él al heredero anunciado y lo guió hasta el palacio. Era un hombre astuto: de entre la gente eligió a los jóvenes más fuertes y les mandó armarse con todas las lanzas y flechas que hallaran, para formar su escolta personal.
La ceremonia de coronación reunió a muchos visitantes de las provincias y de países vecinos. Los ministros lo invitaron a ocupar el trono para comenzar, pero Shangó pidió que lo coronaran estando de pie, y así lo hicieron. Con la corona puesta, se acercó al trono y, ante el desconcierto general, pasó de largo para sentarse en el sitio reservado a la reina, por si el rey hubiera tenido esposa.
Entonces citó a los ministros del rey fallecido. Al más cercano le pidió sentarse en el trono junto a él, y ese ministro se disculpó: no se creía digno de tal honor. Lo mismo respondieron el segundo, el tercero y los demás. Shangó mandó a su escolta capturarlos y matarlos a todos. Luego, ante los invitados, hizo abrir la cubierta del asiento y todos vieron la traición que le habían preparado.
Shangó reinó unos años, pero dejó de lado lo que Orunmila le había aconsejado, anduvo rodeado de mujeres y se confió. En palacio aún había soldados fieles a ministros ejecutados, que le prepararon otra trampa; en ella se enredó y se quedó sin trono.
Quien ambiciona más poder encuentra trampas escondidas, y puede reinar si las evita atendiendo a Orunmila. Pasar por alto lo aconsejado y confiarse hace perder lo que se había conseguido.
Una flecha, una trampa, una cadena, una silla pequeña y dos gallos.
Un gallo y una gallina. También bogbo tenuyen, bogbo iki, inso leri, apoti y yarako. Además: nuez de kola, miel, aguardiente, vela, awadó, pescado ahumado y jutía ahumada.
Si el fondo de una silla es de madera, sacudirla antes de sentarse. Si la silla está forrada, negarse por completo a sentarse. Hacer rogación cada cierto tiempo para conservar la suerte. Evitar rodearse de muchas mujeres.
Ika Di Alabere Apoti Boche Nifa Ni Shango Oroloye Agoniyeo Sokun Yobbi Olofin Erikan Yebio Orunmila Oshe Ebbo Kuikuada Laye Osa Olorun Olongo Morani Iku Eguereyeye Tokun Yere Kuere Iku Oyo Nifa Motefa Opoti Ogba.