1Las alas de cera
El Awó Yarodi tenía guerra con un omo Ogún que le mandaba brujerías y envíos de espíritus; pero como Yarodi andaba bien con los santos — sobre todo con Yemayá, pues para llegar a su tierra había que cruzar el mar — no tuvo problema. Un día, haciéndose osode, se vio este signo, que le mandó ebbó con gallo y cera, puesto abierto a la orilla del mar. Así lo hizo. El omo Ogún ordenó a su gente pegarse alas de cera para cruzar el mar y hacerle la guerra — pero como Yarodi había hecho ebbó con cera, el sol derritió las alas, y todos cayeron al mar y se ahogaron. El ebbó de este signo no se cierra: se bota abierto y lleva cera.
Había un Awó que se llamaba Yarodi, que tenía una guerra con un omo Ogún, y este le hacía y le mandaba muchas brujerías y envíos de espíritus; pero como este Awó andaba bien con los santos, sobre todo con Yemayá — ya que para ir a la tierra del omo Ogún había que pasar por el mar —, no tuvo ningún tipo de problema.
Un día Yarodi, haciendo osode, vio este signo, que le mandó a hacer ebbó con gallo y cera, y que lo pusiera abierto a la orilla del mar. Y Yarodi así lo hizo.
Entretanto, el omo Ogún pensó, y dijo a su gente que se pegaran alas de cera para poder cruzar el mar y poder hacerle la guerra a Yarodi. Pero como este había hecho ebbó con cera, el sol derritió las alas del omo Ogún y de sus gentes cuando iban pasando el mar, cayéndose en este y ahogándose todos.
Nota: el ebbó de este signo no se cierra; se bota abierto y lleva cera.
2El autosuficiente
A una persona Orunmila le vio este Ifá y le dijo que hiciera ebbó para librarse de una cosa mala que le venía. La persona no hizo la obra, porque se creyó suficiente para librarse del problema cuando se le presentara. Cuando la guerra le llegó, la cogió a pesar de que tenía los ojos bien abiertos — y por mucho que corrió, no se pudo librar de la misma.
A una persona Orunmila le vio este Ifá y le dijo que hiciera ebbó para que se librara de una cosa mala que le venía. La persona no hizo la obra, porque se creyó suficiente para librarse del problema cuando se le presentara.
Cuando la guerra le llegó, la cogió a pesar de que tenía los ojos bien abiertos; y por mucho que corrió, no se pudo librar de la misma.
3Ikarode y las alas de cera
El Obá Ikarode vivía con su hijo a la orilla del mar, y del otro lado vivía Omologú, un Obá brujo que le tenía envidia. Sabiendo que Ikarode le tenía respeto por ser omo Ogún, le mandó un ultimátum: que le entregara la tierra o los mataría a él y a su hijo. Ikarode, lleno de miedo, fue donde Orunmila: «a usted le viene encima un lío muy grande» — le marcó el gran ebbó, la distribución de los animales, llevar el ebbó a Oke, y responderle a Omologú que no le tenía miedo y que si quería la tierra viniera a buscarla. No quería hacerlo por miedo, pero lo hizo por la fe que tenía en Orunmila. Omologú, asombrado, preparó a su gente: «ustedes irán por el mar, que yo iré por el aire». Como era mago, se preparó unas alas pegadas con cera y se elevó a gran altura — pero Ikarode ya había hecho su ebbó, y Olofin, dándose cuenta, le calentó las alas: la cera se derritió, cayó al mar y se ahogó. Su gente, sin jefe, se dispersó. Orunmila le ordenó a Ikarode tomar posesión de las tierras de Omologú, y puso a su hijo al frente: así ganó la guerra.
En este camino había un Obá llamado Ikarode, que tenía un hijo, y ambos vivían en la orilla del mar; y del otro lado vivía un Obá llamado Omologú (brujo), que le tenía envidia a Ikarode.
Un día Omologú, dominado por la envidia, se acordó de Ikarode, y sabiendo que este le tenía respeto, se dijo: «Ikarode me tiene miedo, porque sabe que yo soy omo Ogún, y voy a quitarle la tierra que él gobierna». Omologú mandó un mensajero a la tierra de Ikarode con un ultimátum, para que le entregara la tierra, o de lo contrario lo mataría a él y a su hijo.
Ikarode, al recibir el mensaje, lleno de miedo fue a casa de Orunmila, que le hizo osode, le vio este Ifá y le dijo: «A usted le viene encima un lío muy grande». Ikarode le dijo que sí, y se lo contó todo a Orunmila. Este le marcó ebbó, y que después distribuyera los animales del mismo adonde le ordenara Ifá, y que llevara el ebbó a lo alto de la loma; y que le contestara a Omologú que él no le tenía miedo, que no le entregaría su tierra, y que si la quería, la viniera a buscar.
Ikarode no quería hacerlo, por miedo a Omologú; pero al fin lo hizo, por la fe que tenía en Orunmila.
Omologú, al recibir el mensaje de Ikarode, se asombró de tal manera que al momento preparó a su gente y dijo: «Ustedes irán por el mar, que yo iré por el aire libre».
Omologú, que era mago, se preparó unas alas y se las pegó con cera, y se levantó en el aire a gran altura, para que no se sintiera el ruido de sus alas. Pero Ikarode ya había hecho su ebbó y demás obras, y Olofin enseguida se dio cuenta de lo que estaba sucediendo, y le calentó las alas a Omologú; y la cera con que estaban pegadas las mismas se derritió, y este se cayó al mar y se ahogó. La gente de Omologú, al verse sin jefe, se dispersó.
Enterado Ikarode de lo que había sucedido, fue y se lo contó a Orunmila, y este le ordenó que fuera y tomara posesión de las tierras de Omologú. Así lo hizo Ikarode, y puso a su hijo al frente de aquellas tierras — y así ganó la guerra.
Nota: marca guerra entre dos personas por una posesión o posición, donde hay enviaciones de egun y otras obras de daño en cazuela de brujo. Le quieren destruir su casa para que pierda su posición y bienestar, y para lograrlo lo pueden hasta enfermar o matar con brujería.